Publicamos el texto íntegro del pregón pronunciado por D. Javier Torrijos Collada, en Navalón, con motivo de las fiestas en honor al Santísimo Cristo de la Fe 2025. Lo hacemos advirtiéndoles de que, cuando lean el texto, tengan presente que, Javier, lo pregonó apoyándose en un montaje visual, creado con powerpoint, en el que, con sus propios dibujos, situaba al espectador en el escenario que, con su voz, describía.
Buenas tardes.
Un pregón me encarga el alcalde Chamón
y aún hoy me tiemblan las canillas
observo con atención las manillas
impaciente porque empiece el mogollón.
La temática del mismo es Navalón
su historia sus gentes y maravillas
en el estómago siento cosquillas
por haberme metido en este marrón.
Salir airoso quiero de este envite
y que los mozos no me echen al pilón
evitando risas y despepite.
Con este terceto pongo el colofón
deseando disfrute quien nos visite
felices fiestas de todo corazón.
Amigo José Luis, alcalde de Fuentenava de Jábaga, miembros de la Corporación Municipal, Abel, alcalde pedáneo, navaloneras, navaloneros visitantes.
Es para mí un honor ser el pregonero de las fiestas de este ya mi pueblo y aunque como he dicho en mi soneto aún me tiemblan las canillas espero que las mismas me aguanten y que paséis un buen rato.
Quiero aprovechar esta ocasión tan especial que me ha brindado José Luis para agradeceros ese cariño que diariamente me habéis transmitido en estos cuarenta y pico años que ya han transcurrido desde que puse mis pies en este pueblo por primera vez GRACIAS.
Ilustres pregoneras y pregoneros me han precedido en estas labores grandes conocedores de los usos tradiciones y costumbres de este pueblo que nos han contado sus vivencias y las de todos vosotros a lo largo de estos años.
Ni aspiro porque sería imposible ni puedo llegar a ese nivel de conocimiento que nos ha permitido disfrutar de sus historias y conocer sus costumbres.
Por eso yo os voy a contar un cuento.
Decía el grupo musical a oreja de Van Gogh, en su canción la playa, “te voy a escribir la canción más bonita del mundo”. Pues yo os he escrito y dibujado el cuento más bonito del mundo.
Un día, buscando información sobre Fernando Zóbel, pintor que me apasiona, vi un reportaje sobre la fundación del Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca que lo titulaba “El pequeño museo más bonito del mundo”. Me gustó la descripción y cuando me puse a escribir y dibujar este cuento dije, ¡ostras!, ya tengo títulos, se llamará el pequeño pueblo más bonito del mundo.
Quiero advertir que los hechos personajes y paisajes que aparecen en este cuento son ficticios cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia… o no.
Érase una vez, no ha mucho tiempoh una estilosa jovencita, natural de un bonito pueblo de un cierto lugar, y un desgarbado y altiruzo muchacho de una ciudad muy noble y muy leal entre otros títulos.
Se conocieron y, ella, invitó al chaval a conocer sus orígenes y su pueblo y a lomos de un cuatro latas, de color amarillo, junto con unos amigos para ya se fueron.
Al tomar la última curva de la carretera, descubrió, allá en lo alto, un pequeño y bonito pueblo. Tras subir las empinadas y sinuosas cuestas, llegaron a su destino.
Le llamó la atención el horizonte y el paisaje tan maravilloso que se podía admirar desde ese lugar que luego convertiría en su balcón. Y si subía por encima de los mil metros, esas vistas maravillosas se prolongaban a su alrededor en un radio de trescientos sesenta grados.
Pero lo realmente importante fue la acogida de sus gentes. Mayores que tuvieron que dejar sus raíces para sacar adelante a la familia trabajando en las más diversas profesiones y oficios, y chiquillería que rebosaba alegría y que en los veranos acudía al pueblo a disfrutar de sus vacaciones.
Los años pasaron y la familia aumentó, recibiendo a una niña que también disfrutaría de ese entorno tan especial y esas gentes tan maravillosas. Había unos días en el calendario que eran los que más gente concentraban: las fiestas del pueblo.
Los jóvenes, y en alguna ocasión algún joven, vestían sus mejores galas cuando eran elegidas, y elegidos en el acto de proclamación, reinas, reyes y damas de honor de las fiestas para acto seguido recorrer el pueblo en carroza saludando y lanzando caramelos a los asistentes que acompañaban a la comitiva por las calles.
Pregoneros y pregoneras fueron pasando por el escenario para ilustrar a la concurrencia con historias personales, anécdotas, costumbres y otros interesantes datos de tiempos pasados que emocionaban a los oyentes. Hasta uno de ellos llegó a ser alcalde del Ayuntamiento del pueblo.
El día grande de las fiestas, su Cristo era sacado en hombros desde la Iglesia procesionando alrededor del pueblo hasta volver al punto de partida antes de proceder con la santa misa en su honor.
Algunos años, un tren turístico recorría las calles del pueblo para goce de pequeños y mayores que saludaban a los viandantes a su paso. No faltaban los castillos hinchables en la plaza. Los más pequeños subían, bajaban y saltaban sin que el calor ni el cansancio hiciera mella en ellos. Algunas madres también probaron la experiencia.
También hubo años en los que se soltaba una vaquilla enmaromada. De pequeño tamaño pero brava, que daba topetones a diestro y siniestro con los consiguientes moratones y raspones en rodillas y codos.
Y qué decir de las noches de verbena, moviendo los huesos hasta altas horas de la madrugada con boleros, pasodobles, tangos y música disco. Un año revolucionó el pueblo un músico con un solo saxofón.
Se saciaba la sed, producida por tanto bailoteo, con las bebidas refrescantes y espirituosas que servían en el bar del pueblo junto con unos pocos cacahuetes.
Nuestro protagonista, siempre gustaba contemplar esos maravillosos paisajes, cambiantes de olores y colores, mirando el infinito como dicen los versos de Antonio Vega en su canción “El sitio de mi recreo”
donde nos llevó la imaginación
donde con los ojos cerrados se divisan infinitos campos.
Recordando…
Y fueron felices, pero no comieron perdices porque, allí, comían judías, gachas, calderetas, paellas, migas, huevos fritos con patatas…¡Ah! y fue pregonero de las fiestas de su pueblo.
Y colorín colorado, este cuento seguro que continuará…
Muchas gracias por vuestra atención y, antes de despedirme, repetid conmigo:
¡Viva el Cristo de la Fe!
¡Viva Navalón!
Muchas gracias





